La “vida” de Preta en el zoo.

Publicado por Vanesa en

Hoy quisiera contarles una historia que me vino a la memoria. La historia de Preta. Todo comenzó cuando leía un artículo sobre los “mejores” zoológicos del mundo.

La noticia enumeraba los 10 mejores zoo del mundo. La clasificación se hacía de acuerdo a la ubicación, la variedad de especies, la cantidad de animales, la decoración, etc. etc. etc. En ningún momento se mencionaba el bienestar de los animales, el respeto por ellos y el medio ambiente. En fin.

Entonces recordé algo que quedó grabado en mis ojos y en el alma, cuando apenas tenía 10 años.

Era una típica salida de estudios del colegio primario. Estábamos todos entusiasmados porque iríamos al zoológico – que ironía zoo lógico – en fin.

Las maestras nos dijeron que veríamos, leones, tigres y panteras, tucanes y águilas, cebras, elefantes y jirafas, y muchos otros.

Al fin llegamos! Todos entusiasmados riendo y saltando. Pero de inmediato la persona que nos iba a guiar nos dijo que debíamos permanecer en silencio porque los animales se pondrían furiosos y era muy peligroso. Nos miramos entre nosotros pensando cómo los animales podrían enojarse con niños… yo pensé que estarían molestos con los adultos que los mantienen encerrados. Juro que eso pensé, a los 10 y ahora lo confirmo.

Iniciamos el recorrido, 40 niños calladitos, y 10 maestras asustadísimas. Nunca imaginé que esa fabulosa salida rodeada de hermosos animales salvajes, me dejaría tanta tristeza en el alma.

La primera jaula, albergaba a unos prisioneros temibles y peligrosos. Parecía vacía, pero poco a poco se fueron asomando unos pares de ojitos pequeños y curiosos. Los monos capuchinos! La guía continuaba con su relato de memoria, y yo miraba a ese monito. Me preguntaba qué habría hecho él para que lo pusieran en penitencia?

El recorrido continuaba por cada celda, visitando a los tremendos y monstruosos seres. Aquellos que debieron ser encerrados para que no le hagan daño a los civilizados y frágiles humanos. Cada jaula era una puñalada al corazón de cada uno de nosotros. En el profundo silencio se escuchaban las mismas preguntas, -¿por qué están ahí? -Parece que no les gusta estar aquí. -Yo no los veo malos. Las maestras avergonzadas con las preguntas y comentarios incómodos solo nos callaban. Por algo están ahí, decían.

Confieso que mis dos amigas y yo, imaginamos por un momento que varias maestras, la guía y unas cuantas personas más, deberían ocupar el lugar de esos tiernos animales. Volvamos al relato.

Siempre amé y admiré a cada ser sobre este planeta. Pero tengo una especial fascinación por los felinos. Por su presencia, su pelaje, el hecho de que son salvajes y tiernos a la vez, y que con solo una mirada te llenan el cuerpo de miedo. Es maravilloso. Pero aquel día fue devastador.

En uno de los últimos “calabozos” vi al felino más elegante e imponente. A ese que sólo vi en fotos y que incluso así me atemorizaba. Estaba tan emocionada, quería verle pasearse por aquel lugar, exhibiendo orgullosa su presencia majestuosa. Tan salvaje como inofensiva. Ahí estaba! sobre una gran roca, mirándonos llegar, esperando nuestros halagos. Yo quería que se acercara lo más posible. La llamé con todas mis ganas sin hacer caso a nadie para callarme. Entonces se produjo el milagro. Preta empezó a levantarse, pero con dificultad. Eso me extrañó un poco. Caminó lento hacia nosotros, se detuvo a un metro de nosotros. Desfiló elegantemente recogiendo nuestras miradas atónitas en un profundo silencio. Se quedó frente a mi, mirándome de frente y fijamente a los ojos.

Preta era toda azabache, imponente, perfecta, con sus verdes ojos, una mirada profunda y atemorizante. No aparté mi vista de ella en ningún momento. No quería perder detalle. De pronto su mirada cambió, su fuerza se desvaneció. Y sus ojos me transmitieron dolor, angustia y vacío. Rugió un par de veces levemente. Parecía como si quisiera decirnos algo. Entendí luego que ese era un pedido desesperado de auxilio. Preta había sido traída de Centroamérica, donde vivía libre y tranquilamente. La trajeron porque no había un espécimen en el zoo. Imagínense que los apartaran de todos y de todo, sin preguntarles, y los llevaran a un lugar del mundo sólo porque no hay nadie igual allí.

Preta “vivió” allí 10 años más, pobrecita, estoy segura de que habría dado lo que fuera, por haber vivido solo 1 año más pero en su lugar, libre y salvaje, tal como nació.

No volví jamás a ese lugar. El dolor de verlos allí era mayor que el disfrute de ver a esos ejemplares tan bellos. Por suerte, luego de muchos años, el zoo se cerró y se convirtió en un bioparque. No se si es mejor realmente, dicen que sí.

El objetivo de este artículo además de contar una anécdota personal, no es en contra de los zoo, sino a favor de los animales.

El hombre siempre se ha creído con el derecho sobre la vida de cada ser sobre la tierra. Creo que deberíamos ser humildes y conscientes de que somos parte fundamental de un eco SISTEMA. Sistema que nos necesita a cada uno en su lugar. Cumpliendo nuestras funciones y respetando a los demás.

No me gustan estos lugares donde les quitan la libertad a seres libres inocentes e indefensos. Prefiero las reservas donde se respeta la vida.

De todas manera y como moraleja de esta historia, recuerda a Preta. Cuando la humildad se te aleje, recuerda a Preta. Si piensas que la vida no es bella, piensa en Preta. Si sientes ganas de bajar los brazos, Preta.

La gran lección que Preta me dió, marcó mi vida y a ella le dedico este artículo.

A Preta

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